Lo más triste de ser víctima de un atraco no es la impotencia que se siente en el instante, o el momento de civismo que hay después, donde decimos que la ciudad está vuelta mierda, o la ironía y burla con la que los amigos toman ese infortunado acontecimiento, o las ganas de coger a los atracadores y moldearlos a punta de pata, o la rabia que da con la gente que pasaba, veía, y simplemente seguía derecho, solo para llegar a sus casas y decir “oiste, esta ciudad está muy insegura…imagináte que ahorita vi cuando atracaban a alguien” (aquí la gente debería añadir: y no hice absolutamente nada para impedirlo, es que me da un culillo!).
No, lo más triste que pasa cuando te atracan es que nos roben algo que de verdad queremos y que sentiremos su vacío como cuando alguien se va, cuando ese objeto toma vida y hasta le ponemos nombre.
Este post está dedicado a mi reloj, en el cual, cada rayón tenía su historia…como yo.
Adios mi amigo.




Parce… cagada, mis condolencias, se extrañará a “Mi Rey” y habremos de despedirlo como se merece, con mediecita…
Que lástima que esta ciudá esté tan insegura, a mí también me da culillo, por eso no uso reló.